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Locales
07/02/2010
¿El fin justifica los medios?
8:00 | (Por Florencia Montaruli). El hecho sucedió el pasado jueves y fue noticia en prácticamente todos los medios locales. Un delincuente ingresó a robar a una agencia de quinielas y terminaron ofreciéndole trabajo. Parecía una historia tragicómica, e intuyo que la mayoría lo tomamos de manera risueña en un principio. Pero, ¿qué historia deja ver alguien que roba y argumenta que es por necesidad?.
El relato de los hechos causó sorpresa y le desprendió la risa a más de uno. Fue prácticamente insólito enterarse que un delincuente, que ingresó a robar a una agencia de quinielas, terminara obteniendo un empleo ofrecido por la propietaria del comercio que, minutos antes, había robado. Generalmente, las historias que incluyen este delito terminan de distinta manera: con un delincuente apresado, o suelto, y una o varias víctimas implorando no cruzarse nunca más con una situación como éstas.
Pero este final fue distinto, casi feliz, se podría decir, como en los cuentos que nos contaban de pequeños, o como en las películas, donde a pesar de todo lo malo y catastrófico, siempre terminan de la mejor manera. Ahora bien, les propongo disgregar la historia, “desmenuzarla” y analizar un poco más allá de lo risueño e insólito de la misma. ¿Qué historia esconde un delincuente cuando ingresa a robar?, ¿qué situación social nos pone al descubierto… esa que a veces tratamos de tapar con un dedo pero es más grande que el sol?, ¿es menos malo que una persona robe por necesidad?, es decir ¿el fin justifica los medios?.
Cuando esta persona ingresó a la agencia de quinielas y amenazó a la empleada, seguramente a ésta no le habrá pasado por la cabeza si el hombre que la estaba increpando tenía empleo o no, hijos, familia, si estaba bajo el efecto de las drogas o estaba completamente lúcido. Habrá pensado, en todo momento, en que todo termine en un instante y que el delincuente que tiene frente a sus ojos no le haga daño.
La historia completa del insólito hecho (se puede leer la noticia haciendo clic en el enlace al final de la nota), termina cuando la propietaria del local comienza a increparlo sobre lo que había cometido. Un gesto verdaderamente valiente, puesto que no se si todos nos animaríamos a increpar a un delincuente que acaba de robarnos. Y así, comienza casi una charla de café, o mejor dicho, de diván, entre ladrón y víctima. El malviviente argumenta que no tiene dinero, que está desocupado y que le resulta imposible sostener a su familia si no sale a robar para conseguir dinero. Su argumento sería algo así: “robo para darle de comer a mi familia”. La propietaria del lugar, que pasó de ser víctima a psicóloga del delincuente, le termina proponiendo trabajar para su comercio. Y la historia termina bien.
No voy a cuestionar aquí el accionar de la propietaria del comercio, creo humildemente que su gesto fue importante, intentó ayudar a cambiar la historia de vida de una persona, y realmente no sé cuántos estaríamos dispuestos a hacerlo. Lo que sí creo merece una lectura más profunda es lo que párrafos antes, intentaba explicar por medio de preguntas: ¿Qué historia esconde un delincuente cuando ingresa a robar?, ¿qué situación social nos pone al descubierto… esa que a veces tratamos de tapar con un dedo pero es más grande que el sol?, ¿es menos malo que una persona robe por necesidad?, es decir ¿el fin justifica los medios?.
Seguramente existirán tantos delincuentes como historias personales haya sobre la faz de la tierra. Está el que roba porque vive en la calle, el que roba para poder continuar drogándose, el que roba bajo la amenaza de otro, el que roba para mantener a su familia, como en este caso, y está hasta el que roba porque es víctima de una enfermedad (cleptomanía).
No obstante, sea cual sea la causa, el robo es un delito, y como tal, correspondería una pena de acuerdo a su gravedad. Un delincuente no debería ser menos malo si robó por necesidad, puesto que de todas formas, se apropió de algo ajeno, y a veces hasta con amenazas o golpes hacia la víctima.
Si creemos que es menos malo un delincuente que roba por necesidad, se podría autorizar entonces a que los aproximadamente 12 millones de argentinos que viven en la pobreza según los datos de consultoras privadas, no del Indec, le roben a los argentinos restantes. Estar desocupado y no tener dinero para mantener una familia sería entonces un fin que justifique salir a robar. Suena un poco loco, ¿no?. Qué lejos está es Estado, en todos sus niveles: nacional, provincial y municipal, de comenzar a resolver esta situación social.
Y me surge aquí entonces la maquiavélica pregunta que poca respuesta ha tenido a lo largo de la historia: ¿el fin justifica los medios?, es decir, ¿no importa lo que hagas para obtener lo que se necesita, si eso incluye robar?.





