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21/03/2010
El Rincón del "Sr. Ortiga": Escándalo en la radio madre: humorista sin códigos quiso trompear a movilero estrella
21:10 | A la tensión que se respira en la madre de las broadcastings locales por los fundados rumores de venta, se sumó esta semana un incidente que casi termina a las piñas.

Todo comenzó al aire cada vez más castigado de la AM, cuando un cómico -que ya no hace reír porque todos los personajes que imita se parecen entre sí- interpeló a los periodistas “que no investigan porque están pagos por el gobierno”.

Rápido de reflejos, el histórico movilero y reconocido periodista de la radio, “Beto” Cuchán, lo barajó al aire y lo reprendió por lanzar semejante barbaridad con una liviandad solo justificable en alguien que hace humor, y no periodismo.

La cosa no quedó ahí, porque el clown se quedó con la sangre en el ojo sin querer admitir la existencia de distintas opiniones y visiones sobre la realidad.

El humorista siguió relacionando al tema con el dinero, como si todo fuera una compraventa de voluntades, quizás por su experiencia como candidato a concejal y defensor acérrimo de unpolítico local de errática trayectoria.

Sabido esto, parece ridículo que pretenda erigirse en fiscal del periodismo, cuando su tarea se vincula al humor, lejos de la noble profesión del periodismo necesaria en cualquier medio de comunicación más o menos serio.

El cómico interpretó la parada de chata de Cuchán como una afrenta inadmisible a su moralidad. Así que lo esperó y se le fue encima como Pacheco a las tortas.

Cuchán, que tiene una altura corporal en sintonía con su trayectoria periodística, no entendía un pomo. El cómico, desaforado, le gritaba, lo insultaba y, lo que es peor, se le venía encima para fajarlo.

Afortunadamente para el agresor, el conductor del programa que lo tiene como humorista, el operador técnico y hasta el informativista de turno intercedieron para sujetarlo (a él, no a Cuchán que miraba azorado la bizarra escena que lo tenía por involuntario protagonista).

Así, el humorista se salvó de sufrir un par de golpes que hubiera recibido por el simple hecho de no querer comprender que todos podemos pensar distinto.
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